
Parir en campamentos improvisados e insalubres y sin ninguna atención médica. Comer cuando se pueda, tanto la madre como el recién nacido. Esta es la realidad a la que se enfrentan muchas embarazadas en Haití, un país hundido en una crisis de violencia que lo ha empeorado todo, incluido el ya de por sí caótico sistema de salud.








