La creciente frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos, como la histórica tormenta que azotó Río de Janeiro la semana pasada , supone un desafío para los planes de contingencia de las compañías eléctricas. Inundaciones, tormentas y fuertes ráfagas de viento derriban postes y árboles, rompen cables y, además de provocar apagones, generan riesgos de cortocircuitos e incendios en la red eléctrica.