
San Martín consiguió en La Ciudadela una victoria indispensable para su supervivencia deportiva, al imponerse 1 a 0 sobre Gimnasia y Tiro. El resultado, sin embargo, funcionó más como un tanque de oxígeno ante la urgencia de la tabla que como una respuesta futbolística a las limitaciones crónicas que arrastra el ciclo de Alejandro Orfila. Los tres puntos alcanzados le permiten sumar 43 unidades en la Zona B, alejarse del peligro del fondo y mantenerse a tiro del Reducido, pero el desarrollo volvió a dejar al descubierto un equipo sin funcionamiento ni garantías defensivas.
Durante la primera mitad, el conjunto tucumano asumió una tenencia estéril con Gabriel Carabajal como eje conductor, pero el circuito se diluyó de manera reiterada en los últimos metros. En contraste, el planteo salteño resultó mucho más pragmático, líneas cerradas, bloque compacto y transiciones rápidas a espaldas de una última línea local expuesta en cada réplica. En un contexto deslucido y permitido por el arbitraje permisivo de Maximiliano Manduca, San Martín apenas inquietó con intentos forzados de Nahuel Gallardo, Bruno Cabrera y el propio Carabajal, marchándose al descanso en medio de una evidente confusión táctica.
El arranque del complemento profundizó el desconcierto del local, que cedió la iniciativa y permitió aproximaciones al arco de Darío Sand. La impaciencia en las tribunas aceleró los errores de un equipo desordenado y partido en dos, hasta que a los 16 minutos una acción aislada torció la historia: Alan Cisnero forzó un avance individual, un desajuste defensivo le permitió rematar y, tras la respuesta incompleta del arquero visitante, Santiago Briñone capturó el rebote para sellar el 1 a 0. Fue prácticamente la única llegada clara del Santo en toda la etapa complementaria.
El desenlace expuso la fragilidad del triunfo. Gimnasia y Tiro acumuló opciones de peligro para empatarlo ante un San Martín incapaz de liquidar el contragolpe y desbordado en su propia área. Los minutos finales decantaron en un clima áspero de roces y protestas generalizadas que culminó con la expulsión de Gallardo en el local y de Lautaro Gordillo en la visita salteña. Con el pitazo final y el desahogo en el círculo central, el festejo desnudó la magnitud de la presión: San Martín ganó porque capitalizó un rebote en el área, pero su margen de error sigue siendo mínimo y el boleto a la clasificación exigirá bastante más que mero instinto de conservación.


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