
En Avellaneda, el fútbol prescindió de merecimientos y premió la jerarquía en las áreas. Boca Juniors se llevó del estadio Libertadores de América-Ricardo Enrique Bochini una victoria por 1-0 sobre Independiente que se explica a partir de dos factores determinantes: la solidez del arquero Álvaro Montero para sostener el cero en los momentos de asedio y la contundencia de Facundo Herrera para capitalizar una pelota parada a dos minutos del cierre reglamentario. Por la decimocuarta fecha del Torneo Clausura, el conjunto dirigido por Rodolfo Arruabarrena alcanzó los 27 puntos en la Zona A, garantizó su clasificación a los playoffs y afianzó su liderazgo en la tabla anual con 57 unidades. En la vereda opuesta, el equipo conducido por Jadson Viera profundizó su declive, acumuló su cuarto encuentro consecutivo sin triunfos y quedó relegado al octavo puesto con apenas 19 unidades, con un margen de maniobra cada vez más estrecho para pelear por la clasificación.
El inicio del cotejo mostró intenciones parejas, con una visita que buscó presionar alto y explotar las bandas. Apenas a los seis minutos de juego, Leandro Lozano proyectó un centro preciso al segundo palo para la aparición solitaria de Leonel Flores, quien definió de primera pero desvió su remate junto al palo derecho de Santiago Mele. Poco después, Alan Velasco habilitó sobre la izquierda a Miguel Merentiel, cuyo disparo al primer palo fue desactivado por el guardameta uruguayo. Independiente contestó mediante la pegada de media distancia de Maximiliano Meza, primero con un remate elevado que rozó el travesaño y más tarde con un tiro rasante que Montero embolsó sin mayores complicaciones recostado sobre su poste izquierdo. Antes del descanso, Boca volvió a inquietar a través de la pelota detenida ejecutada por Leandro Paredes, aunque el cabezazo de Santiago Ascacibar salió desviado, clausurando una primera etapa de desarrollo trabado y escasa claridad en tres cuartos de cancha.
En el complemento, el guion cambió por completo y las posturas tácticas se polarizaron. Independiente adelantó sus líneas, monopolizó la posesión y expuso desajustes en el retroceso del conjunto visitante. Merentiel pifió una opción neta frente a Mele en una réplica aislada, pero a partir de allí fue el Rojo el que impuso condiciones territoriales. Josías Paláis rozó el ángulo con una maniobra individual desde la izquierda, y minutos más tarde Nahuel Banegas dispuso de una doble ocasión tras un tiro de esquina: el primer intento fue bloqueado por la zaga y el rebote terminó en las manos seguras de Montero. Ni siquiera el ingreso de Sebastián Villa y Enner Valencia logró darle volumen de juego al mediocampo de Boca, que se vio desbordado por los costados y obligado a replegarse. A los 37 minutos, Ezequiel Ávila capturó un balón suelto en el área grande y sacó un remate fulminante que Montero logró desviar con el pie izquierdo, erigiéndose en el sostén indiscutido del equipo de la Ribera.
La ineficacia del elenco de Avellaneda terminó costando caro ante un rival que no perdonó en su única chance del tramo final. A los 43 minutos, un envío cerrado desde la esquina encontró el desmarque al primer palo del juvenil Herrera, quien anticipó a la defensa local, se agachó para conectar un cabezazo certero y estampó la pelota contra la base del poste de Mele. En el tiempo de descuento, el dramatismo se extendió hasta el silbatazo de Nazareno Arasa: Iván Morales tuvo la igualdad en sus pies dentro del área chica, pero su media vuelta careció de potencia y permitió una nueva reacción de Montero, mientras que en el contraataque posterior Milton Delgado no pudo liquidarlo ante la respuesta de Mele.
El desenlace deja lecturas contrapuestas para ambos lados del clásico. Para Boca, el triunfo representa una inyección anímica sustancial de cara al superclásico del próximo domingo ante River en La Bombonera, además de sellar con anticipación su objetivo en el certamen local en paralelo a sus compromisos internacionales. Para Independiente, en cambio, la derrota desnudó una alarmante falta de contundencia ofensiva y una fragilidad defensiva en momentos clave, un combo letal que lo obliga a ganar sin margen de error en su próxima visita ante Defensa y Justicia si pretende evitar una prematura eliminación del torneo.



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