
María Cristina Du Plessis, jefa del Departamento de Enfermedades Crónicas y No Transmisibles del Programa Integrado de Salud (PRIS), explicó que la prediabetes se identifica cuando la glucemia en ayunas se encuentra por encima de 100 miligramos por decilitro (mg/dl) y por debajo de 126 mg/dl. También puede detectarse mediante una prueba de tolerancia oral a la glucosa, cuando el valor a las dos horas se ubica entre 140 y 199 mg/dl.
En contraste, una glucemia normal en ayunas es de hasta 100 mg/dl, mientras que el diagnóstico de diabetes puede establecerse cuando se registran valores de 126 mg/dl o superiores en ayunas, en dos oportunidades, o cuando la prueba de tolerancia oral arroja un resultado de 200 mg/dl o más a las dos horas.
“La prediabetes es una condición clínica que se caracteriza por una alteración en los valores de glucemia, ya sea en ayunas o a través de una prueba de tolerancia oral a la glucosa. Esos valores no están dentro de lo normal, pero no alcanzan las cifras para diagnosticar diabetes”, explicó la especialista.
La médica señaló que esta alteración está relacionada con una disminución de la capacidad del organismo para mantener niveles adecuados de glucosa, proceso en el que interviene especialmente la insulina. El hígado, los músculos y el tejido adiposo cumplen un papel fundamental en el almacenamiento y utilización de la glucosa, mientras que la insulina y otras hormonas regulan su disponibilidad según las necesidades del organismo.
Uno de los principales desafíos de la prediabetes es que no suele presentar síntomas, por lo que muchas personas pueden tenerla sin saberlo. Por esta razón, los controles médicos adquieren especial importancia, particularmente en quienes presentan factores de riesgo.
La doctora Du Plessis remarcó que la prediabetes no debe considerarse una condición menor. Los niveles elevados de glucosa ya pueden asociarse con complicaciones crónicas y con un mayor riesgo cardiovascular. Entre los factores que aumentan la posibilidad de desarrollar prediabetes se encuentran la edad, con mayor frecuencia a partir de los 45 años, el sobrepeso y la obesidad, la hipertensión arterial, el tabaquismo y las alteraciones de los lípidos en sangre, como el aumento de los triglicéridos y la disminución del colesterol HDL.
También existe una mayor predisposición en personas con antecedentes de diabetes gestacional y se observa un ligero predominio en mujeres.
Uno de los aspectos más importantes de la prediabetes es que puede ser reversible. Según explicó la especialista, diferentes estudios demostraron que una reducción del peso corporal de entre un 5% y un 7%, acompañada de una alimentación saludable y actividad física regular, puede contribuir a que los valores de glucemia regresen a rangos normales.
“Hay que ver a la prediabetes como una ventana de oportunidad para prevenir no solamente la diabetes, sino el desarrollo de complicaciones crónicas”, destacó Du Plessis.
La especialista señaló además que, si no se implementan medidas de prevención y seguimiento, aproximadamente un 30% de las personas con prediabetes puede evolucionar hacia diabetes en un período de cinco años.
Por este motivo, la estrategia no consiste únicamente en esperar la aparición de la diabetes, sino en intervenir de manera temprana mediante cambios en los hábitos de vida y, cuando el profesional de salud lo considere necesario, la incorporación de medicación.
Ante la presencia de factores de riesgo o dudas sobre el estado de salud, la recomendación es realizar una consulta médica y solicitar los controles correspondientes. La referente recordó que el sistema público de salud cuenta con una amplia red de Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS), policlínicas y hospitales de segundo y tercer nivel, donde las personas pueden acceder a controles y recibir orientación profesional.
“La consulta es fundamental si tenemos alguno de los factores de riesgo que hemos mencionado, ya que esta patología es asintomática. La detección temprana nos permite actuar antes de que aparezca la diabetes y reducir el riesgo de complicaciones. Además, es recomendable controlar la glucemia, mantener un peso saludable, mejorar la alimentación y realizar actividad física de manera regular, ya que esas son herramientas fundamentales para cuidar la salud metabólica”, finalizó.

















