
Francisco condena la "economía que descarta"
Redacción"El camino de la cruz está trazado profundamente en la Tierra: los grandes se desprenden, quisieran tocar el cielo.
Pero el cielo está aquí, ha descendido, se encuentra incluso al caer, permaneciendo en la tierra", advierte Francisco en la medicación de la estación.
El Pontífice subraya que contra la "obra del infierno", se alza la "economía de Dios", que "no mata, no descarta, no desecha, no aplasta".
En la quinta estación, el Papa destaca que "necesitamos que alguien nos detenga, a veces, y nos ponga algo sobre los hombros, algún pedazo de realidad para cargar".
"Se puede trabajar todo el día, pero sin ti, todo se pierde", dice Francisco, que ruega a Dios para "detener nuestro camino cuando vamos por él.
En la decimocuarta y última, el Papa reitera: "Jesús, que pareces dormir en el mundo tempestuoso, llévanos a todos a la paz del sábado. Entonces toda la creación nos parecerá muy bella y buena, destinada a la resurrección. Y habrá paz sobre tu pueblo y entre todas las naciones".
El Pontífice pide ayuda a Dios para una "Iglesia desgarrada" y reitera su mensaje de inclusión para "todos, todos, todos".
En la meditación de la décima estación del texto del Vía Crucis, el Papa escribe: "Nos conoces uno a uno, para salvar a todos, a todos, a todos. Y si la Iglesia se te presenta hoy como un manto rasgado, enséñanos a rehacer nuestra fraternidad, fundada en tu don. Somos tu cuerpo, tu túnica indivisible, tu Esposa. Estamos juntos".
Francisco llama a asumir la responsabilidad frente a la indiferencia: «Es a nosotros a quienes falta el aliento, a fuerza de evadir la responsabilidad. Bastaría con no huir y quedarnos entre quienes nos has dado, en los contextos en los que nos has colocado".
Debemos "vincularnos, sintiendo que solo así dejamos de ser prisioneros de nosotros mismos. El egoísmo pesa más que la cruz.
La indiferencia pesa más que compartir", sostiene en la meditación de la segunda estación.
Es necesario evitar los juicios y los prejuicios. Esta es la invitación del Papa, que en la oración de la primera estación, escribe: "Estás todavía, en silencio, ante nosotros: en cada hermana y en cada hermano, expuesto a juicios y prejuicios. Vuelven las disputas religiosas, las nimiedades legales, el aparente buen sentido que no se involucra en la suerte de los demás: mil razones nos llevan al lado de Herodes, de los sacerdotes, de Pilato y de la multitud". sin mirar a nadie a la cara, sin que las noticias nos conmuevan y las personas se vuelven números".
En un "mundo roto" hay necesidad de "lágrimas sinceras", subraya el Papa en las meditaciones.
"Nuestra convivencia herida, oh Señor, en este mundo roto, necesita lágrimas sinceras, no superficiales", escribe Francisco en la meditación para la VIII estación. ANSA


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