Romulus: El xenomorfo resucita con la fuerza del clásico
"Romulus: Un regreso a las raíces de Alien, con la adrenalina y el estilo de Fede Álvarez."
Una de las innovaciones que introdujo el film inicial de Ridley Scott –Alien, el octavo pasajero (1979)- fue un enlace entre ciencia ficción y terror gótico, trasladando la peripecia espacial a la claustrofobia de una nave transformada en castillo maldito o mansión embrujada, donde el ente sobrenatural maligno es reemplazado por un alienígena letal.
Tras las fallidas precuelas Prometheus (2012) y Alien: Covenant (2017) –ambas de un Ridley Scott en modo grandilocuente enrevesado- este retorno a la franquicia retoma aquel concepto original, tanto en los aspectos visuales como en lo narrativo, intercalándose cronológicamente entre la primera película y Aliens, el regreso (James Cameron, 1986). El conjunto de protagonistas vuelve a ser compacto, al igual que en el inicio de la saga, pero esta vez se trata de jóvenes veinteañeros, trabajadores mineros que tratan de escapar de la explotación que les impone la empresa Weyland-Yutani, el otro gran villano de la historia además del célebre xenomorfo.
En las actuaciones sobresale Cailee Spaeney, encarnando el habitual rol de la sufrida pero enérgica fémina enfrentada a la bestia extraterrestre, junto con un muy dúctil David Jonsson como el androide de turno. La puesta en escena recrea con deslumbrante minuciosidad la estética del film de 1979, una iconografía que ahora resulta retro-futurista, con un acertado uso de efectos visuales que prioriza los recursos mecánicos a los digitales, aunque una desafortunada excepción a esto aparece en el tratamiento de una presencia que se desprende del pasado inicial de la franquicia.
La dosis de body-horror es la que exige la imagen de marca, mientras la articulación de suspenso y frenesí le inyecta tenso ritmo a un relato que abunda en referencias devotas del fan service, sin aportar en verdad nada nuevo más allá de la eficacia del espectáculo.
A la vez, los cimientos de esta narración se hallan en el amor a la mitología Alien de un director cuya habilidad con el cine de género se hizo evidente en realizaciones anteriores, como su remake de Evil Dead (2013) y la más lograda No respires (2016). Se hace lo que se puede con lo que se tiene y Fede Álvarez lo hizo bastante bien, con el resultado de una electrizante visita al parque temático xenomórfico.
Por Pedro Arturo Gómez
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