
En lo alto de los áridos cerros de Lima, donde se extienden grandes asentamientos sin acceso a la red pública de agua potable, los «atrapanieblas» llevan más de dos décadas saciando la sed y las necesidades de higiene de la población más humilde de la capital peruana, a través de un ingenioso sistema de mallas que condensa la niebla que envuelve estas zonas en invierno para convertirla en agua.








