
Inflación de alimentos en Brasil es estructural, dice estudio
RedacciónEl relevamiento fue elaborado por el economista Valter Palmieri Junior, doctor en desarrollo económico por la Universidad Estatal de Campinas (Unicamp).
Según él, la inflación de los alimentos en Brasil no puede ser atribuida exclusivamente a cuestiones estacionales —oscilaciones temporales que tienden a corregirse espontáneamente cuando cambia la estación—. El estudio señala como ejemplo el alza en el precio del tomate durante el período entre cosechas.
Palmieri Junior también sostiene que la inflación de los alimentos no puede explicarse sólo por factores coyunturales, que serían variaciones por eventos no recurrentes que pueden durar meses o pocos años. Un ejemplo es la devaluación súbita del tipo de cambio.
El estudio clasifica la inflación de la alimentación como estructural, compuesta por presiones permanentes que no se resuelven solas y exigen cambios en el modo en que la economía está organizada.
“La inflación es estructural porque no deriva sólo de choques temporales; es específica porque está asociada a las características históricas del modelo de desarrollo brasileño”, escribe el investigador en el estudio.
Alza por encima de la inflación
En casi 20 años, el costo de la alimentación de los brasileños subió un 302,6%, es decir, se multiplicó por cuatro, mientras que la inflación general del país fue del 186,6%. Esto significa que, de junio de 2006 a diciembre de 2025, el encarecimiento de la comida supera en un 62% al Índice Nacional de Precios al Consumidor Amplio (IPCA), conocido como la inflación oficial.
Para efectos de comparación, Palmieri Junior muestra que en los Estados Unidos, en el mismo período, el nivel de precios de los alimentos quedó cerca de un 1,5% por encima de la inflación general.
El investigador resalta que, en Brasil, cuando ocurre algún tipo de crisis y los precios de los alimentos suben mucho, hay resistencia a la baja.
“Aumentar es fácil, pero después, en algún momento, bajar un poco es muy difícil. Vi esto en comparación con otros países”, dijo en una charla con periodistas para presentar el estudio.
Al detallar los grupos alimenticios del costo de la comida en Brasil, la investigación revela que los artículos que más subieron fueron:
- Tubérculos, raíces y legumbres (359,5%)
- Carnes (483,5%)
- Frutas (516,2%)
- Saludables vs. ultraprocesados
El informe muestra que la pérdida del poder de compra se siente más en los alimentos frescos (in natura).
“Si una persona destinara, por ejemplo, el 5% del salario mínimo para comprar alimentos en 2006, hoy, con esa misma proporción, podría llevar más productos ultraprocesados y menos alimentos saludables”, afirma.
Entre 2006 y 2026, el poder de compra de frutas cayó cerca del 31%; y el de hortalizas y verduras, un 26,6%. En el caso de los refrescos (+23,6%) y embutidos como el jamón (+69%) y la mortadela (+87,2%), aumentó.
Por el lado de los ultraprocesados, el economista explica que el abaratamiento está asociado al hecho de que contienen elementos como aditivos, “que son industriales, con menos oscilación de precio”.
Para el profesor, el menor efecto de la inflación en los alimentos ultraprocesados condiciona las elecciones, haciendo que las personas compren productos menos saludables.
“Se va produciendo un cambio en los patrones de consumo a partir de esto”.
Modelo exportador
Uno de los factores que llevan al aumento persistente de los precios, señala, es la inserción internacional de Brasil y el modelo agroexportador.
El hecho de que el país sea uno de los mayores exportadores de alimentos del mundo hace que la prioridad de los productores sea vender a otros países y recibir el valor de la producción en dólares, en lugar de destinarla al mercado interno.
En la década de 2000, muestra el estudio, el país exportaba 24,2 millones de toneladas de alimentos e importaba 14,2 millones. En 2025, las exportaciones saltaron a 209,4 millones de toneladas, mientras que las importaciones quedaron en 17,7 millones.
“Este indicador muestra la cantidad neta de alimentos producidos en el país cuyo destino es el mercado externo, reforzando el papel de Brasil como gran exportador e incrementando la influencia del mercado internacional sobre los precios internos”, afirma.
La orientación hacia el exterior hace que los productores brasileños den prioridad a artículos con mayor demanda en otros países, como la soja, el maíz y la caña de azúcar.
El área dedicada al cultivo de estos productos pasó de 41,93 millones de hectáreas en 2006 a 79,30 millones en 2025. Esa diferencia es mayor que todo el territorio de Alemania (35,7 millones de hectáreas).
En el mismo período, el área dedicada al cultivo de arroz, frijoles (porotos), papas, trigo, mandioca, tomate y banana se redujo de 10,22 millones de hectáreas a 6,41 millones.
Insumos más caros
Otro elemento señalado como causa del encarecimiento recurrente de los alimentos es el costo de los insumos agrícolas, como fertilizantes, agroquímicos, cosechadoras y otras máquinas.
El estudio comparó los precios de los trienios 2006-2008 y 2022-2024 e identificó los siguientes aumentos en moneda real:
- Fertilizantes: 2.423%
- Herbicidas y reguladores de crecimiento: 1.870%
- Cosechadoras: 1.765%
- Insecticidas: 1.301%
- Urea (fertilizante nitrogenado): 981%
- Repuestos y piezas de maquinaria agrícola: 667%
Para el investigador, esto refleja la ausencia de una estrategia de desarrollo, con una expansión de commodities (materias primas negociadas en grandes cantidades y precios internacionales) basada en insumos y tecnologías controlados por oligopolios de países desarrollados.
El autor explica que existe un círculo vicioso que se refleja en los precios internos.
“Esto afectó el precio para todo el mundo, incluso para aquel pequeño productor de frijol. Él ni siquiera exporta, pero pagará el alto costo del precio de los insumos, y ese costo será trasladado al precio del frijol”, ejemplifica.
Concentración
Esta dependencia se asocia a otro factor que, en la visión de Palmieri Junior, conduce a la inflación de los alimentos: la concentración de la cadena productiva.
En el estudio, revela que solo cuatro empresas extranjeras de semillas representan el 56% del mercado global.
Por el lado de las empresas de pesticidas, cuatro compañías de fuera del país acaparan el 61% del mercado.
En la maquinaria agrícola, el 43% del mercado equivale a la participación de cuatro empresas extranjeras.
A su vez, en la industria alimenticia, cinco marcas de dos empresas tienen una participación del 74,2% en el mercado de margarina brasileño.
Una situación similar ocurre en el mercado de fideos instantáneos (73,7%). Del mismo modo, cinco marcas de tres empresas alcanzan el 83% del mercado de chocolates y bombones.
Inflación invisible
El economista menciona que la inflación de los alimentos es aún peor de lo que muestran las cifras, debido a la “inflación invisible”, que no se puede medir. Clasifica como tal al fenómeno de los productos que mantienen su precio, pero alteran los ingredientes, añadiendo artículos más baratos en detrimento de los más caros, haciendo que el producto final pierda calidad.
Un ejemplo es el helado, que empieza a tener menos leche y más azúcar. Lo mismo sucede con el chocolate, que pierde cacao en polvo y gana azúcar.
“Si el costo se reduce empeorando la calidad y se vende al mismo precio, es una inflación que no es computada por los organismos de investigación. ¿Cómo vas a captar eso?”, cuestiona.
Soluciones
La publicación señala algunos caminos con capacidad de revertir la trayectoria inflacionaria de la comida.
“El precio de la comida no es solo una variable económica. Expresa elecciones políticas, distributivas e identitarias sobre el modelo de sociedad que se pretende construir”, recalca el autor.
Entre las sugerencias se encuentran:
- Desconcentración productiva y fortalecimiento de las economías locales.
- Reequilibrio entre exportación y abastecimiento interno.
- Fortalecimiento de estructuras como la Compañía Nacional de Abastecimiento (Conab) y las Centrales de Abastecimiento (Ceasa) de cada estado.
- Ampliación del acceso a la tierra.
- Crédito a la producción condicionado a la producción para el mercado interno.
Palmieri Junior citó el ejemplo de países desarrollados, como los Estados Unidos y países europeos, que realizaron reformas agrarias.
“Significa hacer que la tierra sea más accesible para un conjunto de la población. Esto contribuye a una soberanía alimentaria”, defiende.
Para él, la reforma agraria es beneficiosa para los intereses del capitalismo.
“Si el alimento es barato, le sobra más dinero al ciudadano para comprar otras cosas que el capitalismo está produciendo y con las que está lucrando mucho más”, evalúa.
“Si para la población de un país una gran parte de la renta tiene que destinarse a alimentos, otros sectores productivos se ven perjudicados”, concluye.
Agencia Brasil


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