
Agresión a Pelli, síntoma de un tejido social roto por la narrativa del odio
Sebastián GanzburgEl violento episodio ocurrido en La Madrid, donde el diputado de La Libertad Avanza (LLA), Federico Pelli, resultó con una fractura de tabique nasal tras ser agredido por un militante local, trasciende la crónica policial de una jornada de asistencia a inundados. Lo sucedido es, en rigor, la cristalización de un clima de época: una violencia social que encuentra su combustible en la narrativa de confrontación permanente que emana desde la cima del Poder Ejecutivo Nacional.
Desde el inicio de la gestión de Javier Milei, el lenguaje de la política argentina ha sufrido una degradación sin precedentes. La violencia verbal, lejos de ser un exabrupto, se institucionalizó como método. Cuando desde el máximo nivel del Estado se cataloga a los opositores como "ratas", "traidores" o "enemigos", se rompe el pacto básico de convivencia democrática. El resultado es un efecto cascada que penetra el tejido social y termina por legitimar el contacto físico violento como extensión de la palabra herida.
En Tucumán, una provincia marcada por urgencias estructurales, la tensión social está a flor de piel. Sin embargo, culpar únicamente a la "pasión militante" de un individuo sería un análisis reduccionista. Lo que ocurrió en La Madrid es la consecuencia lógica de un modelo de comunicación política que ha reemplazado el debate de ideas por el señalamiento y la estigmatización.
La Libertad Avanza llegó al poder prometiendo un cambio de paradigma, pero instaló una lógica de guerra cultural donde la empatía hacia el pueblo es la gran ausente. Las políticas de ajuste, el desmantelamiento de estructuras de contención y la agresividad discursiva diaria generan un caldo de cultivo donde cualquier chispa —incluso en un contexto de solidaridad ante una catástrofe natural— deriva en agresión física.
Es imperativo que el Gobierno Nacional comprenda que la palabra presidencial tiene peso específico. No se puede sembrar discordia institucional y social de forma sistemática y esperar que el campo no devuelva violencia. El ataque a Pelli es una señal de alerta máxima: cuando la política abandona la diplomacia y el respeto, el territorio se convierte en un escenario de pugna donde las ideas dejan paso a los golpes.
La democracia argentina requiere, hoy más que nunca, un desarme verbal que debe comenzar por quienes tienen la responsabilidad de conducir los destinos de la Nación. De lo contrario, los hechos de La Madrid dejarán de ser una excepción para convertirse en la norma de una sociedad que está olvidando cómo escucharse.


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