Información General Por: Redacción04 de abril de 2025

La NASA envió ratones a la EEI. 37 días después algo raro pasó

¿Puede el cuerpo humano sobrevivir a un viaje a Marte? Los huesos de ratones en el espacio cuentan una historia preocupante.

Sección transversal del fémur de ratones comparando los efectos óseos: después de 37 días en órbita (FL), tras solo un día en el espacio (BL), grupo control en Tierra (GC) y control terrestre con movimiento limitado.

La aparente libertad de flotar en microgravedad podría parecer un alivio frente a la constante presión gravitatoria que soportamos en la Tierra, especialmente tras largas jornadas sedentarias en la oficina. Sin embargo, esta ausencia de gravedad conlleva graves consecuencias: los astronautas enfrentan una preocupante degradación ósea durante sus misiones espaciales.

Los datos de la NASA son alarmantes: cada mes en el espacio, los astronautas pierden aproximadamente el 1 % de su densidad ósea. Esta tasa acelerada significa que durante una misión de seis meses, pueden experimentar un deterioro óseo equivalente al que sufriría una persona en la Tierra a lo largo de décadas.

Ahora, un innovador estudio, publicado recientemente en PLOS ONE, realizado con ratones a bordo de la Estación Espacial Internacional (EEI), ha revelado hallazgos cruciales sobre este fenómeno, abriendo nuevas perspectivas para afrontar uno de los mayores retos de la exploración espacial prolongada.

Microgravedad y huesos: un impacto selectivo

En concreto, un equipo conjunto de ingenieros biomédicos del Instituto de Ciencias Espaciales Blue Marble y biocientíficos del Centro de Investigación Ames de la NASA ha descubierto que la microgravedad afecta principalmente a los huesos que soportan peso, y no de manera uniforme a todo el esqueleto.

Después de permanecer 37 días en órbita, los ratones del experimento espacial presentaron, en comparación con los especímenes de control terrestres, una notable degradación ósea específicamente en los fémures –huesos de las extremidades posteriores que normalmente soportan la mayor carga de peso corporal en condiciones de gravedad terrestre. 

"Uno de los focos específicos de nuestro estudio es el fémur, debido a su importante función de soporte de peso en el ratón", explicaron los investigadores en su estudio. El análisis reveló que los fémures de los ratones espaciales estaban "plagados de grandes agujeros", según describe Science Alert, especialmente en sus extremos, donde se unen a las articulaciones de la cadera y la rodilla.

En contraste, otras estructuras óseas como la región lumbar de la columna vertebral –que en estos roedores no desempeña una función principal de soporte– mantuvieron su integridad prácticamente sin alteraciones.

¿Radiación espacial o ausencia de gravedad?

"Si la radiación espacial en órbita terrestre baja u otros factores sistémicos fueran los principales causantes de la pérdida ósea durante los vuelos espaciales, cabría esperar cambios sistémicos en el sistema óseo", explican los investigadores. Sin embargo, el estudio revela que el deterioro se produce desde dentro hacia fuera en los huesos, un patrón que no coincide con el daño que causaría la radiación.

La investigación también ha revelado un dato fascinante: algunos huesos, como los de la mandíbula y el cráneo, incluso llegaron a volverse más densos. Este fenómeno podría estar relacionado con el aumento de la presión sanguínea en la parte superior del cuerpo durante los primeros días en órbita, el mismo que causa la hinchazón facial y los dolores de cabeza que experimentan los astronautas.

El proceso detrás de esta pérdida ósea ya había sido parcialmente dilucidado en experimentos anteriores con peces medaka en la EEI, según recoge IFL Science. Estos estudios mostraron que en el espacio se produce un desequilibrio entre los osteoblastos (células formadoras de hueso) y los osteoclastos (células degradadoras de hueso), con estos últimos trabajando "horas extras" en condiciones de microgravedad.

Entonces, ¿qué soluciones quedan sobre la mesa?

Las implicaciones de este estudio podrían ser significativas para el futuro de la exploración espacial. Los investigadores sugieren que, en caso de que su hipótesis sobre la densidad ósea sea correcta, las estrategias como cambios en la dieta o mayor protección contra la radiación podrían no ser tan efectivas como se pensaba para combatir la pérdida ósea. En su lugar, el uso de dispositivos que simulen el levantamiento de pesas o cintas de correr con arneses que sujeten al astronauta al suelo podrían resultar más beneficiosos.

Este experimento, que representa el estudio más largo sobre roedores en vuelos espaciales realizado por la NASA hasta la fecha, marca solo el comienzo de una serie de investigaciones destinadas a proteger la salud de los astronautas durante los viajes espaciales, especialmente pensando en misiones de larga duración como los futuros viajes a Marte.

Editado por Felipe Espinosa Wang, con información de PLOS ONE, Science Alert, NASA, y Universe Today.

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