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Cómo reubicar a América Latina en la nueva era geopolítica

La CEPAL busca soluciones a viejos problemas y nuevos retos ―sin ofrecer un recetario―, para una región de creciente heterogeneidad, donde cada país sigue su propia visión de futuro.
America Latina02 de septiembre de 2026RedacciónRedacción

América Latina y el Caribe ha sido vista durante mucho tiempo como una región que se ha caracterizado más bien por ser un actor pasivo en tiempos de mayor envergadura geopolítica y de presión hegemónica por parte de EE. UU. Un signo de ello es la debilidad histórica de la integración latinoamericana.

También en la actualidad se puede diagnosticar la ausencia de una voz común y un aumento considerable de las polarizaciones en la misma región, con diferencias crecientes y la incapacidad de articular sus intereses comunes. La ausencia de voluntad política para actuar en conjunto como región se ve claramente impulsada por una polarización política e ideologica desde los espacios nacionales, lo que no permite augurar un buen desenlace para superar los conflictos entre los Gobiernos de turno.

Para encontrar pautas para el posicionamiento de América Latina ante los retos que plantea el avance de la geopolítica a nivel internacional, la CEPAL ha convocado la "Comisión sobre Geopolítica, Globalización y Desarrollo para América Latina y el Caribe".

Copresidida por los expresidentes de Chile, Michelle Bachelet, y de Colombia, Iván Duque, y con eminentes personalidades internacionales, en días recientes, esta Comisión ha presentado un importante informe titulado "Rupturas y oportunidades: propuestas para que América Latina y el Caribe prospere en la nueva era geopolítica". En él, se exponen los resultados de sus deliberaciones, que tratan de impulsar un debate público sobre los caminos que puede y debe tomar la región para afrontar estos momentos críticos.

Del multilateralismo a la multipolarización

Muy acertadamente, la Comisión tomó como punto de partida las rupturas que ha sufrido el llamado "orden liberal internacional". El informe señala, entre otros aspectos, una globalización reconfigurada, en la que la eficiencia económica ha dado paso a la seguridad, especialmente en lo que respecta a la reubicación y el rediseño de las cadenas de valor a nivel internacional.

Con la erosión del multilateralismo y los cambios concomitantes en la gobernanza global, se ha ido estableciendo una competencia multipolar entre los grandes poderes mundiales, que ha provocado la ruptura de muchas de las reglas que caracterizaban al multilateralismo de las décadas pasadas. En esta situación, se resiente especialmente el hecho de que las aspiraciones de la región de desarrollar músculo geopolítico hayan sido frustradas, y de que hoy en día tenga que debatirse su capacidad para navegar por las rupturas de la nueva geopolítica mundial.

El subcontinente ha visto aumentar sus propias vulnerabilidades con el retroceso de la democracia y la creciente polarización política, acompañada de los efectos de la desinformación, que el informe califica como "crisis de la verdad", y del deterioro del estado de derecho. América Latina, que en el pasado ha vivido sus propios ciclos de oportunidades y potenciales, hoy en día tiene que hacer frente a la pérdida de caminos establecidos debido a una reconfiguración del poder blando (el declive de EE. UU. y el ascenso de China), la ruptura del consenso en cuanto al cambio climático y de las bases de la convivencia debido a imposiciones externas.

Partiendo de estas rupturas, el informe ofrece un diagnóstico oportuno y una base viable para plantear posibles soluciones en un orden de futuro caracterizado por su carácter híbrido y volátil, y con marcadas asimetrías. Al mismo tiempo, la Comisión logró evitar la tentación de ofrecer un recetario para una región de creciente heterogeneidad, donde cada país sigue su propia visión de futuro.

De los activos estratégicos a la agencia internacional de la región

Para salir de las trampas tradicionales del desarrollo de la región, como la baja capacidad de crecimiento, la alta desigualdad y las reducidas capacidades institucionales que dificultan las necesarias reformas estructurales, el informe señala cinco categorías de activos estratégicos con los que la región puede posicionarse y reforzar su participación en la escena mundial.

Entre estos, se mencionan la dotación de recursos naturales, las capacidades productivas, humanas y financieras, la influencia política y el poder blando de la región, que podría convertirse en un activo gracias al tamaño de su mercado y a una integración efectiva, si se actúa de manera colectiva, aunque sea en formatos de geometrías variables.

Afortunadamente, el informe no cae en la tentación de suponer una transformación casi automática de los activos estratégicos en una presencia y una agencia relevantes a nivel internacional de la región. Más bien se insiste en la necesidad de tomar decisiones para fortalecer la capacidad del Estado, recuperar la confianza institucional y aumentar su capacidad de respuesta, así como alcanzar consensos mínimos en escenarios complicados por la polarización dominante. Se menciona, además, como un reto central frenar la expansión de la delincuencia organizada y combatir el crimen organizado y las economías ilícitas.

El desafío central: construir agencia

El nudo central para aumentar las opciones de acción de la región consiste en ampliar la capacidad de actuación regional. Es evidente que el camino para lograrlo pasa por esquemas de geometría variable como única opción, evitando alineamientos rígidos y preservando la flexibilidad basada en la modalidad del no alineamiento activo. Solo de esta manera, América Latina podrá ejercer sus intereses en el marco de responsabilidades sectoriales, superando la ambición de buscar siempre la unanimidad, como era costumbre en el pasado.

Sin embargo, el informe no puede ignorar la compleja realidad política de la región, donde se manifiesta la falta de consensos capaces de sobrevivir a los cambios de gobierno, que dificultan las transformaciones necesarias y la realización de las opciones estratégicas para alcanzar mayores niveles de relevancia global e impactar en la realidad geopolítica actual. El valor del informe de la Comisión y de la misma CEPAL consiste justamente en abrir el debate y mostrar posibles caminos no solo a los Gobiernos, sino también al sector privado, el sector académico y las organizaciones de la sociedad civil. DW

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