
Los fuertes vientos en São Paulo, Rio Grande do Sul y Río de Janeiro ponen de manifiesto las deficiencias estructurales
RedacciónPara los expertos en clima y medio ambiente, este fenómeno ha puesto de manifiesto una vez más que las ciudades brasileñas no están preparadas para afrontar fenómenos meteorológicos extremos.
La preocupación es aún mayor si se tiene en cuenta la previsión de que, durante la segunda mitad de este año, el país sufrirá impactos de intensidad moderada a muy fuerte debido al fenómeno de El Niño.
Según el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe) y el Instituto Nacional de Meteorología (Inmet), el pronóstico incluye lluvias excesivas, sequías severas y olas de calor, dependiendo de la región.
Según Pedro Torres, profesor de Ciencias Ambientales en la Universidad Estatal de São Paulo (Unesp), la gestión urbana se limita a reaccionar ante fenómenos extremos e ignora los riesgos futuros.
El investigador también es miembro del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), el principal organismo científico mundial de las Naciones Unidas (ONU).
Si comprendemos que estamos viviendo una emergencia climática, entonces las medidas de adaptación también deben abordar esta emergencia. Los fenómenos extremos ocurrirán con mayor frecuencia y con mayor intensidad. No se trata solo de tener mejores sistemas de alerta. El desafío ahora es construir ciudades más resilientes.
Pasos
Rodrigo Jesus, portavoz del Frente de Justicia Climática de Greenpeace Brasil, afirma que la gestión de riesgos debe tener en cuenta tres pasos complementarios para ser eficaz.
Los pronósticos y las alertas meteorológicas no son suficientes si las ciudades no cuentan con la infraestructura adaptada para afrontar el problema cuando este se presente.
"Hay que prestar la máxima atención a cómo se está planificando la ciudad para proteger a la gente. Los eventos extremos serán nuestra normalidad a partir de ahora", dice Rodrigo.
"Debemos priorizar la prevención y la recuperación posterior a un desastre precisamente para que, cuando llegue la emergencia, no nos perdamos tratando de averiguar qué hacer."
Alertas
En Río de Janeiro, se emitieron alertas por fuertes vientos poco antes de que el fenómeno comenzara el miércoles (29). Esto generó dudas sobre la eficacia del monitoreo meteorológico y la comunicación a la población.
Según el Centro de Operaciones de la Alcaldía de Río de Janeiro (COR-Rio), el Sistema de Alerta de Río emitió una alerta meteorológica a las 14:15 horas con información sobre la posibilidad de que se produzcan fuertes ráfagas de viento en la ciudad de Río a partir de la tarde.
"Desde el momento en que se detectaron fuertes ráfagas de viento, se emitieron alertas por SMS y WhatsApp a todos los residentes registrados en el Sistema de Alerta", indica el comunicado de COR-Rio.
Según la Secretaría de Estado de Defensa Civil (Sedec-RJ), el Centro Nacional de Vigilancia y Alerta de Desastres Naturales (Cemaden-RJ) emitió una alerta a las 15.30 horas sobre la posibilidad de ráfagas de viento moderadas o fuertes en las regiones Costa Verde, Sul Fluminense, Baixada Fluminense, Metropolitana, Baixadas Litorâneas y Norte Fluminense.
“Cuarenta y cuatro municipios tienen autonomía para enviar mensajes SMS directamente a la población. Los restantes [48] están cubiertos por los servicios de Sedec-RJ, que envía las alertas dentro de los protocolos establecidos por el Sistema Estatal de Protección y Defensa Civil”, indica la nota de Sedec-RJ.
Según Rodrigo Jesus, experto de Greenpeace, los fuertes vientos que azotaron Río de Janeiro pueden considerarse un fenómeno en rápida evolución, lo que introduce cierta incertidumbre en el pronóstico del tiempo.
Sin embargo, la cuestión central no debería ser si el pronóstico predijo con precisión la velocidad exacta del viento, sino más bien si la ciudad fue capaz de responder con rapidez y proteger a la población ante un evento grave.
“La imprevisibilidad del clima no debería ser una justificación para no tener una ciudad preparada. El límite no está en la tecnología, sino precisamente en las políticas públicas y en los gestores públicos”, analiza Rodrigo.
Adaptación de la ciudad
Además de las muertes, las perturbaciones causadas por los fuertes vientos en Río de Janeiro, São Paulo y Rio Grande do Sul incluyeron la caída de árboles, cortes de electricidad que afectaron a miles de personas e interrupciones en el transporte público.
Según el experto de Greenpeace, estos problemas podrían evitarse con una planificación adecuada. Entre las medidas mencionadas se encuentran la gestión preventiva del arbolado urbano, la modernización de la red eléctrica, la actualización de los mapas de riesgo, la revisión de los planes de adaptación al cambio climático y la incorporación del riesgo climático en los proyectos de infraestructura.
"Todos los proyectos aprobados por los departamentos de obras públicas deberían someterse a una evaluación para determinar cómo esa intervención contribuye a proteger a la población frente al cambio climático", argumenta Rodrigo.
También comprende que las empresas privadas responsables de servicios públicos, como la electricidad, deben presentar planes de gestión de riesgos.
"El gobierno municipal debe prestar mucha atención a los contratos de concesión y verificar si la empresa privada presenta un plan de mitigación de riesgos para estas situaciones", afirma.
Según el profesor Pedro Torres, una de las medidas que pueden reforzar la adaptación de las ciudades es la creación de refugios climáticos.
“Estos serían espacios para proteger a las personas durante un evento extremo. También pueden funcionar como lugares para la cultura, el debate y la información, donde la población aprenda sobre los riesgos climáticos y fortalezca esta cultura de riesgo y prevención”, analiza.
Educación para el riesgo
Además de la adaptación física de las ciudades, los expertos abogan por inversiones continuas en educación ambiental y en la capacitación de la población para situaciones de emergencia.
Según el profesor Pedro Torres, Brasil aún tiene un déficit en este ámbito. Considera que este proceso depende de iniciativas educativas y de sensibilización continuas que involucren a escuelas, universidades, empresas y al gobierno.
"A menudo, las advertencias no se toman en serio. Esto revela una falta de cultura de riesgo que debe abordarse cuanto antes", afirma el investigador.
Según Rodrigo Jesus, Brasil debería seguir el ejemplo de países frecuentemente afectados por desastres naturales, como Japón y Filipinas, que han incorporado protocolos de emergencia a la vida cotidiana de la población a través de campañas continuas, simulacros y actividades en las escuelas.
"Desde pequeños aprendemos a actuar en caso de incendio o accidente de tráfico. Pero pocas personas reciben orientación sobre cómo actuar ante vendavales extremos, una ola de calor o una inundación", afirma el experto.
Agencia Brasil



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