
De ganar la Premier sorpresivamente a jugar la tercera división
Inau GanzburgA veces, el fútbol nos regala historias que parecen guiones de cine, pero también nos enseña que el descuido y la mala gestión pueden destruir hasta el sueño más perfecto. Seguramente recordás dónde estabas en 2016, cuando el Leicester City nos hizo creer a todos que lo imposible era simplemente una cuestión de voluntad. Hoy, esa misma historia nos convoca para analizar un presente mucho más gris: el de un club que no supo cuidar su propio legado.
​El declive de los Foxes no fue un accidente, sino una despedida lenta. Después de tocar el cielo con la FA Cup en 2021, la estructura empezó a agrietarse. Se dejaron de buscar talentos ocultos y se optó por la comodidad de nombres conocidos con sueldos imposibles de sostener. La mística de aquel equipo que encontraba joyas donde otros veían carbón se esfumó, y lo que quedó fue una dirigencia que se confió demasiado en los laureles del pasado.
​Para entender cómo llegamos hasta acá, hay que repasar los momentos que marcaron este viaje emocional y deportivo:
- ​2016: El mundo se rinde ante los campeones de la Premier League. Un hito que cambió la narrativa del fútbol moderno.
- ​2017: La aventura europea llega a cuartos de la Champions, pero el romanticismo se corta con la salida de Claudio Ranieri.
- ​2018: El club sufre el golpe más duro: el fallecimiento de su propietario, Vichai Srivaddhanaprabha. Se pierde el corazón del proyecto.
- ​2021: La alegría de la FA Cup parece renovar las esperanzas, aunque el equipo se queda en la puerta de la Champions por detalles.
- ​2023: El primer gran impacto. El Leicester desciende a la Championship tras nueve años de pertenencia en la élite.
- ​2024: El regreso inmediato con Enzo Maresca hizo pensar que la pesadilla había terminado.
- ​2025: La inestabilidad financiera y los errores en el campo provocan un nuevo descenso. La caída ya parece inevitable.
- ​2026: El punto más bajo de esta cronología. El club baja a la League One (tercera división) bajo el peso de sanciones por incumplir las reglas de sostenibilidad.
​​Es difícil no sentirse apenado por una hinchada que vio a su equipo ganar todo y que hoy lo ve naufragar en la tercera categoría. Pero hay que ser claros: el Leicester City es víctima de su propia complacencia.
​Se enamoraron del recuerdo de 2016 y olvidaron que la Premier League es una maquinaria que no espera a nadie. Sin una política de captación real y con las finanzas en rojo, el club quedó huérfano de identidad. El King Power Stadium hoy no celebra hazañas; hoy es el testigo mudo de una gestión que se quedó sin respuestas. Para volver a ser lo que fueron, primero tendrán que aceptar que el pasado ya no los va a salvar.



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