Facebook y TikTok: la nueva frontera del tráfico de especies
El tráfico ilegal de especies silvestres ha encontrado un nuevo territorio de "caza": las redes sociales.
Una revisión publicada en Nature Reviews Biodiversity, liderada por el profesor Enrico Di Minin, de la Universidad de Helsinki (Finlandia), junto a un equipo internacional, muestra hasta qué punto este comercio se ha extendido por Internet.
Animales, plantas y hongos forman parte de un mercado que alcanza a especies ya amenazadas y también a otras cuyo riesgo frente a este tipo de tráfico apenas se había tenido en cuenta. Según recoge Science Alert, la actividad aparece en plataformas tan conocidas como Facebook, Instagram, TikTok, YouTube, eBay, Google, Alibaba, Shopee y Tokopedia.
Las cifras dan una medida del problema. Durante un seguimiento de seis semanas a mediados de 2025, los investigadores detectaron más de 1.600 primates anunciados a la venta en cuatro redes sociales, tal y como señalan tanto la Universidad de Helsinki como la de Ciudad del Cabo.
El fenómeno, sin embargo, va mucho más allá de los primates. Entre las investigaciones recogidas por la revisión, Science Alert destaca un seguimiento de seis semanas realizado en 280 plataformas, en el que se identificaron 33.006 ejemplares de especies incluidas en los apéndices de CITES. Un 54 % eran animales vivos y el 46 % restante, partes o productos derivados.
Entre las especies afectadas también aparecen aves, serpientes, ranas, orquídeas y cactos, además de partes de animales. En conjunto, la evidencia recogida por la revisión apunta a un mercado amplio, diverso y difícil de rastrear.
¿Por qué Internet resulta tan propicio para este negocio?
Los autores apuntan a varios factores que facilitan su expansión, entre ellos la baja percepción de riesgo, la débil regulación de las plataformas y el anonimato que ofrecen.
"El comercio ilegal de fauna y flora silvestres en línea se extiende por numerosas plataformas, incluidas las redes sociales más populares, y representa una amenaza creciente y en constante evolución para la conservación de la biodiversidad", afirma el profesor Di Minin, según un comunicado de la Universidad de Helsinki.
A esas ventajas para los traficantes se suma la propia naturaleza de Internet, donde las operaciones pueden desarrollarse con una rapidez y una escala muy superiores a las de los circuitos tradicionales, según explica el coautor Neil D'Cruze, de la Universidad Metropolitana de Manchester.
Al mismo tiempo, las consecuencias no se limitan a las especies que se venden. Los investigadores señalan que este comercio también puede aumentar los riesgos asociados a las especies invasoras y a las enfermedades que pueden transmitirse entre animales y seres humanos.
Pese a la magnitud del fenómeno, todavía quedan zonas oscuras. Los investigadores reconocen lagunas importantes para conocer su volumen real y entender mejor el comportamiento de los consumidores, una carencia que complica el diseño de respuestas eficaces.
El papel de África en las rutas del comercio ilegal
El continente africano muestra algunas de estas dinámicas con especial claridad. La Universidad de Ciudad del Cabo (UCT) señala que entre 2010 y 2021 se comercializaron internacionalmente cerca de 800.000 loros grises africanos. Además, el seguimiento de cuentas de Facebook de exportadores en Togo permitió identificar más de 200 especies distintas puestas a la venta.
A partir de ahí, el estudio desplaza el foco de las cifras hacia las posibles soluciones. Annette Hübschle, investigadora de la UCT y única coautora del estudio con sede en África, defiende que la tecnología y la aplicación de la ley no bastan por sí solas.
Su aportación pone más atención en el papel de las comunidades locales y en la experiencia del Sur Global, frente a un campo de estudio que se ha centrado en gran medida en las herramientas de detección, la aplicación de la ley y las normas de las propias plataformas.
El Karoo Suculento sudafricano ofrece un ejemplo claro de lo cambiante que puede ser este mercado. Allí, el género Conophytum, muy buscado por coleccionistas internacionales desde 2019, registró un aumento del número de recolectores. Esa mayor presión terminó saturando el mercado ilegal y, según la UCT, su precio se redujo hasta en dos órdenes de magnitud –aproximadamente, hasta una centésima parte– en solo tres años.
Pero el desplome tampoco acabó con la presión sobre la fauna y la flora. Según la UCT, la recolección está desplazándose hacia otros tipos de plantas y también hacia reptiles.
Soluciones: comunidades locales y cooperación internacional
Por eso, los investigadores plantean una respuesta más amplia. Proponen reforzar la vigilancia con inteligencia artificial y endurecer la moderación de las plataformas, pero también mejorar la coordinación entre empresas tecnológicas, reguladores, ONG y comunidades. A ello añaden campañas para reducir la demanda y el apoyo de marcos internacionales como CITES o la Ley de Servicios Digitales europea.
La conclusión de Di Minin resume el enfoque del estudio. El problema es "complejo, pero no insuperable" y exige cooperación entre sectores y políticas capaces de responder a su dimensión digital. Al fin y al cabo, el tráfico de fauna silvestre ya no se mueve solo por rutas tradicionales, sino también por espacios digitales que las amplían y, en algunos casos, las sustituyen. DW