Peces contaminados ponen en riesgo a comunidades de la Amazonía
Investigadores del Programa de Posgrado en Sociedad, Naturaleza y Desarrollo (PPGSND) recolectaron muestras en zonas de pesca de los municipios de Faro, Juruti, Santarém, Porto Trombetas e Itaituba, en el oeste de Pará. Examinaron si seis especies ampliamente consumidas (acari, aracu, piraña, pirarucú, caparari y tucunaré) contenían arsénico, cadmio, mercurio y plomo.
A diferencia de estudios anteriores, los investigadores acompañaron a los pescadores hasta los lugares de captura para garantizar la trazabilidad de las muestras.
Los resultados indican que parte de los peces, especialmente las especies carnívoras, presentaron niveles de mercurio por encima de los límites legales. Los cálculos de riesgo consideran los patrones locales de consumo de pescado. El riesgo para la salud se consideró alto en todas las especies y en todas las ciudades. En algunos casos, el mercurio se encontraba en cantidades casi 30 veces superiores al límite de tolerancia.
El estudio también señala que el 25% de las muestras presentan un riesgo considerable de cáncer, principalmente debido a la presencia de arsénico y cadmio. El acari, un pez muy consumido en la región, fue uno de los más destacados en este aspecto.
El mercurio puede afectar el sistema nervioso, provocar daños renales, problemas respiratorios, abortos y perjudicar el desarrollo infantil. Contaminantes como el arsénico y el cadmio están asociados a un mayor riesgo de cáncer.
Los investigadores identificaron además una coincidencia que refuerza la alerta. Datos de la Secretaría de Salud de Pará muestran un aumento en los casos de cáncer de piel entre 2022 y 2024 en el Bajo Amazonas, especialmente en Santarém y Juruti —localidades donde el estudio encontró mayor riesgo asociado al arsénico—. La investigación subraya que la correlación observada exige una investigación más profunda.
Origen de la contaminación
El estudio relaciona la presencia de metales tóxicos con múltiples presiones ambientales en la región. Entre ellas se encuentran la minería ilegal de oro (que utiliza mercurio), la minería de bauxita (que produce residuos conocidos como “lodo rojo”), la deforestación y la expansión de la soja.
Estas actividades contribuyen a la erosión del suelo y liberan hacia los ríos metales que están presentes de forma natural en la tierra. Tales contaminantes se acumulan a lo largo de la cadena alimentaria y alcanzan concentraciones mayores en peces predadores, como el tucunaré y la piraña.
Diferentes riesgos
Según los investigadores, el riesgo es más significativo para las poblaciones ribereñas que consumen pescado diariamente. Para el resto de la población brasileña, incluidos los turistas, el consumo se considera seguro dentro de los estándares promedio nacionales.
El estudio concluye que prohibir el consumo de pescado no es una solución viable, ya que esto agravaría la inseguridad alimentaria en la región. En su lugar, los autores defienden políticas públicas orientadas al monitoreo continuo de la calidad del agua y de los alimentos, además de acciones de vigilancia sanitaria.
La investigación refuerza la necesidad de integrar las cuestiones ambientales y de salud pública en la formulación de políticas para la Amazonía, ante el avance de actividades económicas que impactan directamente en la calidad de vida de las poblaciones locales.
Agencia Brasil