Una potente elegía que conmueve hasta quitar el aliento
HAMNET
(Chloé Zhao, 2025)
Basado en la novela homónima de la escritora británica Maggie O'Farrell, este film realizado por la directora de la multipremiada Nomadland (2020) gira en torno de la muerte a los 11 años del hijo de William Shakespeare, a fines del siglo XVI, en la villa de Stratford; pero la principal protagonista de la historia es la madre del niño, Agnes, interpretada por una descomunal Jessie Buckley. Tal como aparece en la apertura de la película, ovillada en el hueco de las enormes raíces de un árbol, ella es una mujer unida al bosque, ese lugar vivo de misterios y transformaciones, un ser que trasciende el orden mundano, dueña de un profundo conocimiento sobre las propiedades de hierbas y plantas, y también de un don de clarividencia que le permite saber acerca de las personas con sólo tocarlas, además de asomarse a difusas visiones del porvenir.
Una mujer que provoca inquietud y recelo a su alrededor, una especie de hechicera que camina llevando en su brazo un halcón, a quien –no obstante- los pobladores del entorno acuden en búsqueda de alivio para sus dolencias y enfermedades. El amor la une a un joven profesor de latín que, tiempo después, legaría a ser considerado el mayor dramaturgo y poeta de la literatura universal. Tras casarse, tienen tres hijos: Susanna, la mayor, y los gemelos Hamnet y Judith. Mientras el marido se construye una próspera carrera teatral en Londres, la peste le arrebata a su pequeño hijo.
El relato es un viaje a la espesura del dolor, un descenso a las tinieblas de un duelo desgarrador, presagiado por la leyenda de Orfeo y Eurídice que William le había narrado en uno de sus primeros encuentros. Él hace de esa pérdida devastadora los cimientos para elevar una de sus máximas creaciones, la tragedia de Hamlet. Ella, al presenciar la primera representación de la obra, alcanzará una revelación.
El film hace andar con sombría y exquisita belleza una potente elegía que conmueve hasta quitar el aliento, sin caer en la explotación sentimental, depositando su fuerza en la poderosa hondura con que Jessie Buckley encarna su personaje. Junto a ella, se lucen el siempre sólido Paul Mescal como Shakespeare y un sorprendente Jacobi Jupe como Hamnet. A partir del guion coescrito por la directora y la autora de la novela original, la película pone en diálogo la historia que relata con la Tragedia de Hamlet, en un contrapunto de mayor tenor que el que aparece en el libro.
Esta conexión halla una imaginativa expresión visual en el diseño de ciertos planos, con una posición frontal de la cámara que recrea la mirada situada al borde de un escenario de teatro. Es cierto –como apuntó con gesto antojadizo un encumbrado crítico en una red social- que se observan algunas desprolijidades en unos cuantos encuadres, pocos, pero no llega a ser algo que lesione la consistencia estética del film. Los abismos de la pena, el extravío en lo perdido y el arte como una senda de sentido frente a la oquedad donde converge lo que nace y lo que muere.
Tras haber obtenido numerosos premios, reúne ocho nominaciones al Oscar 2026, entre las que se encuentran las categorías de “Mejor Película”, “Mejor Dirección”, “Mejor Actriz Protagónica”, “Mejor Guion Adaptado” y “Mejor Banda Sonora” (compuesta por Max Richter).
Te puede interesar
El Grupo Presto presentará “Entre tangos & boleros”
El concierto se realizará el viernes 13 de febrero, a las 21 horas, en la Sociedad Francesa (San Juan 751), con entrada libre y gratuita.
Un thriller persecutorio que homenaje a clásicos de los 70
La nueva película del director de Acuarius (2016) y Bacurau (2019) reafirma la radical particularidad de su estilo autoral, con una combinación febril de thriller persecutorio, mordaz crítica sociopolítica y comedia costumbrista.
Conocé las propuestas del Verano con Cultura en el Punto Digital
A partir de febrero, niños, jóvenes y adolescentes podrán sumarse a actividades de dibujo, animación digital, escritura y rescate de mitos y leyendas.
Sirat: un viaje a los dolores del mundo
La brutalidad iconoclasta de este Apocalipsis Rave que arroja Sirat –el delgadísimo puente entre el paraíso y el infierno- es recordarnos la extrema fragilidad que anida en la condición humana.