Un thriller persecutorio que homenaje a clásicos de los 70
La nueva película del director de Acuarius (2016) y Bacurau (2019) reafirma la radical particularidad de su estilo autoral, con una combinación febril de thriller persecutorio, mordaz crítica sociopolítica y comedia costumbrista.
EL AGENTE SECRETO
(Kleber Mendonça Filho, 2025)
Brasil, 1977, dictadura militar, carnaval. Marcelo (Wagner Moura) –ingeniero, docente y científico universitario- ha caído en desgracia ante un ministro corrupto que pretende apoderarse de su proyecto de investigación y se ve obligado a huir, perseguido por un par de matones contratados por el funcionario. Con el objetivo de salir del país, llega a Recife y ahí se aloja en una casa de refugiados opositores al régimen dictatorial, bajo el tierno y enérgico amparo de una anciana, Doña Sebastiana (entrañable actuación de Tânia Maria), adoptando una identidad falsa. Mientras espera la oportunidad para escapar hacia el exterior, consigue trabajo en un centro estatal de emisión de documentos de identidad, lugar donde busca también información acerca de su madre, hasta que se produce la llegada de los sicarios que lo asedian.
La nueva película del director de Acuarius (2016) y Bacurau (2019) reafirma la radical particularidad de su estilo autoral, con una combinación febril de thriller persecutorio, mordaz crítica sociopolítica y comedia costumbrista con toques de grotesco, mixtura inyectada de una cinefilia que rinde apasionado homenaje a las salas cinematográficas del pasado, a clásicos del terror de los años ’70 como Tiburón (Steven Spielberg, 1975) y La profecía (Richard Donner, 1976), y a un cine bizarro que incorpora en ráfagas delirantes la leyenda urbana de “la pierna peluda”, muy popular en el Pernambuco de la época.
A pesar del título, no se trata de una historia de espionaje, pero sí de un relato inmerso en la atmósfera paranoica característica del género de espías, asistido por una puesta en escena prodigiosa que recrea con precisión el aire icónico de esa década, al igual que ocurría en la multipremiada Aún estoy aquí (Walter Salles, 2024), pero esta vez transfigurando el realismo mediante la notoriedad del artificio estético.
Hay algún eco -tanto argumental como visual- de El pasajero (1975), aquella película de Michelangelo Antonioni que también partía de la adopción de una falsa identidad, juego de duplicidad aludido con juguetona ironía en el hecho de que Marcelo trabaja en un Departamento de Identificación portando un nombre falso, mientras le gestionan un pasaporte fraguado, y también a través de la insólita metáfora de un gato con dos caras.
En este friso pesadillesco, un sólido pilar es la tensa y sobria melancolía con que Wagner Moura construye su personaje, cualidad que le valió varios premios, entre ellos el de Mejor Actor en el Festival de Cannes 2025. Nominada en los Oscar 2026 a Mejor Película, Mejor Película Extranjera y Mejor Actor Protagónico.
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