San Martín metió una remontada heroica y sigue en carrera
San Martín quedó a tiro del abismo en La Ciudadela y eligió pelear. Cuando la temporada amenazaba con apagarse antes de tiempo y el Reducido se convertía en una quimera matemática, el conjunto de Bolívar y Pellegrini sacó a relucir una cuota de orgullo furioso para dar vuelta un 0-2 adverso y derrotar 3 a 2 a Midland. El desenlace, cargado de euforia en las tribunas, reanima la ilusión de meterse en la discusión grande al quedar a solo dos puntos del objetivo con seis en disputa. Sin embargo, el festejo desmedido no debe funcionar como una cortina de humo: el equipo expuso durante más de una hora grietas conceptuales alarmantes, producto de una lectura táctica deficiente de Alejandro Orfila y de apuestas individuales que ya no tienen sustento.
El diseño inicial del entrenador volvió a repetir vicios conocidos. Tras el tropiezo en Villa Crespo, el técnico insistió con el 4-2-3-1 y ratificó la titularidad de nombres que arrastran bajos rendimientos como Santiago Briñone, Agustín Graneros y Gabriel Carabajal. Para colmo de males, la decisión de incluir desde el arranque a Alan Cisnero, visiblemente afectado desde lo físico, duró apenas media hora y representó un costo innecesario. Con Mauro Verón también fuera de combate por lesión en ese primer tramo, el planteo quedó descuajinado antes de afirmarse.
Midland leyó con lucidez el desconcierto local y castigó las fallas estructurales del Santo. La mitad de la cancha albirroja perdió pelotas de manera sistemática y la salida desde abajo fue una invitación constante al peligro: un mal despeje de Ezequiel Parnisari le dejó servida la apertura del marcador a Isaías Andrada. Lejos de corregir, el inicio de la segunda mitad profundizó la vulnerabilidad defensiva en la pelota parada; tras una floja respuesta de Darío Sand con los puños y la nula marca para disputar el rebote, Genaro Cepeda conectó de cabeza para estampar un 2 a 0 que parecía de sentencia definitiva y desató la reprobación del público.
El punto de inflexión no provino de la pizarra previa, sino del golpe de timón que Orfila se vio forzado a ejecutar desde el banco. Con los ingresos de Nicolás Castro, Luca Arfaras y, fundamentalmente, Matías "Caco" García, San Martín empezó a parecerse a un equipo con determinación y jerarquía. Resulta inadmisible para las aspiraciones del club que su futbolista más desequilibrante comience los partidos sentado entre los suplentes. A los 78 minutos, fue precisamente García quien rompió el cerco visitante con un zapatazo infernal de media distancia que encendió la remontada.
La inercia anímica arrolló a un Midland que no supo cerrar el pleito. A los 85 minutos, Bruno Cabrera empujó al equipo hacia la paridad, y a los 92, en pleno tiempo de descuento, el propio zaguero central completó la hazaña con el 3 a 2 para desatar el desahogo en La Ciudadela.
San Martín ganó porque sus futbolistas exhibieron rebeldía para no despedirse del certamen, pero la victoria de arrebato no constituye un método sustentable. El crédito que otorga este triunfo agónico le devuelve al Santo una vida extra de cara a las dos fechas finales, aunque obliga al cuerpo técnico a una autocrítica profunda en el armado del once titular: para no volver a caminar por la cornisa, el equipo debe dejar de regalar tiempos enteros y prescindir de inventos tácticos si pretende que esta gesta sea el preludio de una clasificación y no un mero espasmo de coraje.